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PARÁSITOS INTESTINALES Y NUTRICIÓN: IMPACTO, DEFICIENCIAS Y ESTRATEGIAS ALIMENTARIAS

Las enfermedades parasitarias intestinales constituyen un problema de salud pública a nivel mundial, con una prevalencia particularmente elevada en países en vías de desarrollo debido a factores como la falta de acceso a agua potable, condiciones sanitarias deficientes y prácticas inadecuadas de higiene y manipulación de alimentos (Gómez & Hernández, 2019). En la población adulta joven, la parasitosis intestinal puede tener repercusiones significativas en la salud y la calidad de vida, ya que afecta la absorción de nutrientes esenciales, el metabolismo y el funcionamiento del sistema inmunológico.

Desde una perspectiva nutricional, la relación entre la parasitosis intestinal y el estado nutricional es bidireccional: una alimentación deficiente puede aumentar la susceptibilidad a infecciones parasitarias, mientras que la presencia de parásitos en el intestino puede inducir deficiencias de micronutrientes, pérdida de peso y alteraciones en la microbiota intestinal (González & Rodríguez, 2016).

PARÁSITOS INTESTINALES MÁS COMUNES EN ADULTOS JÓVENES

Los parásitos intestinales son organismos que invaden el tracto digestivo humano y pueden clasificarse en dos grandes grupos:

1. Protozoarios intestinales

Los protozoarios son microorganismos unicelulares que pueden causar infecciones severas en el intestino. Algunos de los más frecuentes son:

            •          Giardia lamblia: Agente causal de la giardiasis, caracterizada por diarrea crónica, malabsorción de nutrientes y fatiga. Se transmite a través del agua contaminada y el contacto con superficies infectadas.

            •          Entamoeba histolytica: Responsable de la amebiasis, una infección que puede provocar diarrea sanguinolenta, dolor abdominal y, en casos graves, abscesos hepáticos.

            •          Cryptosporidium spp.: Protozoario oportunista que afecta principalmente a personas con un sistema inmunológico comprometido, provocando diarrea persistente y deshidratación severa (Pérez & Martínez, 2011).

2. Helmintos intestinales

Los helmintos son gusanos multicelulares que pueden vivir en el intestino humano y causar diversas alteraciones digestivas y nutricionales. Algunos de los más relevantes incluyen:

            •          Ascaris lumbricoides: El helminto más común en el ser humano, asociado con malabsorción de grasas y vitaminas, retraso en el crecimiento y obstrucción intestinal en infecciones severas.

            •          Trichuris trichiura: Puede provocar disentería crónica, anemia y retraso en el desarrollo físico e intelectual debido a la pérdida crónica de sangre en las heces.

            •          Ancylostoma duodenale y Necator americanus: Conocidos como “anquilostomas”, estos parásitos se adhieren a la mucosa intestinal y se alimentan de sangre, contribuyendo al desarrollo de anemia ferropénica severa (Ramírez & Torres, 2020).

IMPACTO DE LA PARASITOSIS INTESTINAL EN LA SALUD Y EL ESTADO NUTRICIONAL

Los parásitos intestinales afectan la nutrición del huésped mediante diversos mecanismos, incluyendo:

Alteración en la absorción de nutrientes:

La presencia de parásitos en el intestino puede generar inflamación crónica y daño en la mucosa intestinal, lo que reduce la absorción de macronutrientes (carbohidratos, proteínas y lípidos) y micronutrientes esenciales como hierro, zinc y vitaminas liposolubles (López & Sánchez, 2021).

Pérdida de peso y desnutrición:

Las infecciones parasitarias prolongadas pueden provocar anorexia, aumento del catabolismo energético y diarrea crónica, lo que conduce a una pérdida de peso involuntaria y deficiencias nutricionales significativas.

Alteraciones en la microbiota intestinal:

La parasitosis puede modificar la composición de la microbiota intestinal, favoreciendo el crecimiento de bacterias patógenas y reduciendo la presencia de bacterias beneficiosas, lo que afecta la digestión y el sistema inmunológico (González & Rodríguez, 2016).

DEFICIENCIAS NUTRICIONALES ASOCIADAS CON LA PARASITOSIS INTESTINAL

Anemia ferropénica:

Los parásitos hematófagos como Ancylostoma duodenale y Trichuris trichiura causan pérdida de sangre crónica, lo que reduce los niveles de hierro y provoca anemia, fatiga y reducción en el rendimiento cognitivo (Ramírez & Torres, 2020).

Deficiencia de zinc:

El zinc es fundamental para el crecimiento celular y la función inmune. La inflamación intestinal y la diarrea asociadas a la parasitosis pueden reducir su absorción, aumentando el riesgo de infecciones secundarias y alteraciones en el metabolismo (Pérez & Martínez, 2011).

Déficit de vitamina A:

La vitamina A es esencial para la integridad de la mucosa intestinal y la función inmune. La reducción en su absorción puede aumentar la vulnerabilidad a infecciones y retrasar la recuperación del epitelio intestinal (López & Sánchez, 2021).

ESTRATEGIAS NUTRICIONALES PARA LA PREVENCIÓN Y EL TRATAMIENTO DE LA PARASITOSIS INTESTINAL

Alimentos recomendados:

            •          Fuentes de vitamina A: Zanahoria, calabaza y espinaca para reforzar la mucosa intestinal.

            •          Fuentes de hierro: Carnes magras, legumbres y cereales fortificados para prevenir la anemia.

            •          Alimentos ricos en zinc: Semillas, frutos secos y mariscos para fortalecer el sistema inmune.

            •          Alimentos con efecto antiparasitario: Ajo, cebolla y semillas de calabaza, cuyos compuestos bioactivos pueden contribuir a la eliminación de parásitos.

Alimentos a evitar:

            •          Azúcares refinados y ultraprocesados: Favorecen la inflamación intestinal y la proliferación de parásitos.

            •          Lácteos enteros: Pueden incrementar la irritación intestinal en personas con parasitosis activa.

RECOMENDACIONES GENERALES PARA LA PREVENCIÓN:

•          Mantener una adecuada higiene de manos antes de comer y después de usar el baño.

            •          Consumir agua potable y evitar alimentos crudos en lugares de higiene deficiente.

            •          Desparasitación periódica bajo supervisión médica para reducir la carga parasitaria en poblaciones de alto riesgo.

Conclusión

La parasitosis intestinal sigue siendo un problema de salud pública con un impacto significativo en la nutrición y el bienestar general, especialmente en la población adulta joven. Su manejo eficaz requiere un enfoque integral que incluya una alimentación balanceada, buenas prácticas de higiene y estrategias de prevención. Un estado nutricional óptimo puede reducir la susceptibilidad a infecciones parasitarias y mejorar la recuperación de quienes las padecen.

REFERENCIAS

-Gómez, J. & Hernández, P. (2019). Prevalencia de parasitismo intestinal y sus factores asociados en niños de una comunidad rural de Colombia. Revista de Salud Pública, 21(2), 123-135.

-González, M. & Rodríguez, C. (2016). Estado nutricional, parasitismo intestinal y sus factores de riesgo en escolares de Colombia. Journal of Clinical Nutrition, 35(4), 451-460.

-López, A. & Sánchez, D. (2021). Estado nutricional y condiciones sanitarias asociados a parasitosis intestinal en infantes de una fundación en Colombia. Revista de Nutrición y Salud Pública, 30(1), 78-91.

-Ramírez, R. & Torres, H. (2020). Parasitosis intestinal y su repercusión en el estado nutricional y desarrollo de los niños en etapa escolar de Latinoamérica. Journal of Gastrointestinal Research, 40(5), 589-605.

AUTOR

E.L.N. Casandra Montserrat Sandoval Vazquez